jueves, 7 de julio de 2011



¿Conoces ese sentimiento? Cuando estás solo esperando. Esperando a llegar a casa, en tu habitación, cerrar la puerta, tirarte en la cama, y simplemente dejar salir todo lo que has mantenido durante todo el día. Ese sentimiento de ambos, alivio y desesperación. Nada está mal. Pero tampoco nada está bien.
Y tú estás cansado. Cansado de todo, cansado de nada. Y tan solo quieres a alguien que esté allí, y te diga que todo está bien. Pero nadie va a estar allí. Y sabes que tienes que ser fuerte por ti mismo, porque nadie puede arreglarte. Pero estás cansado de esperar. Cansado de tener que ser quien te arregle a ti mismo y a todos los demás. Cansado de ser fuerte. Y por una vez, tan solo quieres que sea fácil. Sea fácil. Ser  ayudado. Ser salvado. Pero sabes que no lo serás. Pero aún sigues esperando. Y aún sigues deseando.
Y aún sigues manteniéndote fuerte y luchando con lágrimas en los ojos. Estás luchando.

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