He oído que llamabas a la puerta. Disculpa que no me haya molestado en levantarme para abrirte. Es que verás, ya sé qué me traías. Un par de flores, doscientos "te quiero" y unas mil y pico sonrisas de esas tuyas. Quizás también habrías aparecido con esa cara tan tuya de: te extraño y no sé qué hacer para que vuelvas. O con esa estupidez de intentar ser mi amigo para luego hacer que de nuevo nos demos cuenta ambos de que es algo absurdo e imposible. En fin, nada nuevo, ya sabes. Me has acostumbrado demasiado bien, supongo. Ya nada me sorprende. Ni siquiera tus cagadas, y mucho menos, tus lo siento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario